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Urgente: se buscan políticos competentes

Publicado: 2013-01-25

Hace unos días, Barack Obama juramentó para su segundo periodo como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Revisaba una vez más el discurso que pronunció, relativamente corto pero coherente, lúcido, intenso y emocionante, incidiendo en la difícil tarea de la recuperación económica, pero al mismo tiempo propugnando el valor y la igualdad de las personas, sin ningún tipo de discriminación, preparando por los derechos ciudadanos y fundamentales de los habitantes de su nación, enfatizando el valor de los ciudadanos y comprometiendo a cada persona a contribuir al cambio y el desarrollo.

Los analistas hablan ya de esta como de  una de las más importantes alocuciones de Obama en su carrera como hombre de Estado. Y además, son coherentes con un político liberal pero mesurado, coherente y articulado. Sin ser uno de los mejores, por cierto, y tampoco uno de los más inmaculados (la política siempre será el arte de tragar sapos sin hacer muecas), es un ejemplo sobre cómo debería operar un político con credibilidad (y un sentido de comunicación fascinante, que usa todas las herramientas, desde la más directas hasta las virtuales) por estos lares.

Uno de los primeros artículos que escribí como columnista del diario Pro & Contra, el año 2004, hablaba de la noción de un político ideal y, sobre todo, eficiente para nuestra realidad. Lo comparto otra vez:

Un buen político es aquél que sabe manejar sus emociones, sus actitudes, su vida privada, su actividad pública. Un gran político es aquél que puede entregarnos en bandeja de plata la salvación del mundo con el simple acto de crear oraciones, frases, construcciones sintácticas. Un político en medio de nuestro subdesarrollo, debe tener afinadas las variopintas condiciones de payaso, de maniquí, de doctor, de abogado, de cura, de profeta y de mago.

Sin embargo, lo aconsejable es que un político exigente se haya curtido en el dominio de Aristóteles, Torquemada, Maquiavelo, Weber, Moro, Smith, Rousseau, Marx, Foucalt, Bentham, Montesquieu y un largo, largo etcétera. También debe dominar las ciencias sociales y las exactas, el humanismo y la deducción lógica, la lógica de Descartes y la elocuencia de T.S. Eliot. Un político debe haber nacido con el instinto del servicio a la comunidad y el agudo sentido de la astucia y el sigilo comprometidos a la inteligencia. Un político debe entender  que el pueblo opera en base a su propia racionalidad y que él sólo es representante de esas demandas y esos sueños.

Bajo ninguna circunstancia el político actual llega a estas características. Y siento que en los últimos tiempos los políticos son peores, para peor incluso (disculpando la redundancia). Ahora, incluso, se piden muchos más requisitos para que un ciudadano común y corriente pueda acceder a un trabajo menor que para ser congresista, alcalde o presidente.

Se ha privilegiado al payasito que dice lisuras o besa gente a cambio de votos. El palabreador que maneja el lenguaje de replana y, a menudo, también las malas artes es un as con cancha libre. El incompetente con plata puede ir y comprar votos y lealtades. El pendejo se puede adaptar rápidamente a las componendas hechas por debajo de la mesa, antes de las elecciones inclusive. El mercenario puede ganar fácilmente el pan con la bolsa que ponen los proveedores. El presupuesto de las ciudades, los gobiernos regionales o las dependencias públicas parecen botines para piratas. El servicio público se presta para que especuladores hagan una aventura, de la cual pierden todos (menos ellos, que ganan rico y con impunidad). Los políticos o pseudo políticos de pacotilla reinan.

La ética, la competencia y la capacidad de servicio de un político deberían empezar a preocuparnos. Acá hay una gran responsabilidad del electorado, evidentemente, pero también de quienes tenemos el deber de mostrar nuestro descontento. Gran parte del sistema está así debido a que no se hace fiscalización, que se pasa por agua tibia todo. La culpa no solo es de ellos, sino también de quienes los elegimos. Exijamos calidad, decencia y trabajo, pero de verdad.


Escrito por

Paco Bardales

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Publicado en

Diario de IQT

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