El descubrimiento

Siempre he creído que soy potencialmente más bonita que muchas otras chicas de mi entorno. Claro que hay otras más lindas a quienes sé apreciar. Una de ellas era Maribel,  la cual además es mi amiga.  Eso era lo mejor, porque de no ser así tal vez le hubiera tenido envidia: linda y tan bien puesta que cualquier mujer la odiaría con sólo verla, aunque en los hombres produce lo contrario (ustedes ya saben de qué hablo).

Siempre me han gustado los hombres. Hace algún tiempo fui al psicólogo y hablamos un poco de de esas cosas que los padres no entienden. Él me explicó que a mi edad tanto chicas como chicos experimentan cambios, experimentan cosas que los llevan a definirse en la vida. No creí que a mí me tocase vivir dichas cosas. Me decía: “No, Lizzy, tú sabes lo que quieres en la vida, sabes lo que quieres de este mundo y lo que quieres es un hombre que te haga feliz, o dos, o varios pero que te hagan feliz ¿Qué vas a  hacer con otra mujer? El baile de las tijeras, seguro.”

Pero me gusta andar con Maribel, a quien puedo calificar como mi mejor amiga, no sólo por las confidencias o porque ambas seamos lindas. Me gusta andar con ella porque me enseña muchas cosas y me ayudó a aclarar este pensamiento casi  “sin querer queriendo”.

Una noche, cuando cursábamos el primer ciclo de la universidad estábamos en su habitación frente a su ordenador haciendo un trabajo que debíamos entregar al día siguiente, por lo que era obvio que probablemente nos quedaríamos despiertas toda la noche. Yo me cagaba del fucking sueño y le dije que quería dormir, a lo que ella respondió amablemente y dijo:

Si deseas puedes usar unas de mis pijamas, están en el closet. Yo ahora guardo el documento y te acompaño, te acuestas en mi cama, no hay problema.

Gracias.

Saqué un pijama del closet. Mientras me cambiaba, ella me miraba de una manera extraña y casi acosadora, lo cual no me incomodó porque no era la primera vez que otra chica me veía sin ropa.  El pijama constaba de un short muy pequeñito casi un bóxer, de esos que muestran la mitad de las nalgas creo y una blusa de tiritas muy ceñida al cuerpo, todo rosado. Cuando terminé de ponérmela me dijo:

¡Vaya!  Querida, te va muy bien mi ropa, pese a que sos más pequeña que yo (con acento sacha-gaucho)

Jajaja… está muy cómoda. Ya me acuesto, pones la alarma para levantarnos temprano y terminar lo que falta.

Ok, no hay problema.

Cerró  todos los documentos, salió del MSN, apagó la computadora y se vistió con algo parecido a lo que yo estaba puesta, sólo que en color rojo con ribetes blancos. Se acostó a mi lado, pues había una sola cama en la habitación - la suya - Se supone que ambas somos mujeres y no debía suceder nada anormal. De pronto pude sentirla detrás de mí.  Para variar, empezó a llover. Ella  me abrazó por la espalda y me dijo, susurrando al oído, como susurra una enamorada a su pareja:

Lizzy, tengo frío, te puedo abrazar ¿cierto?- mientras ponía sus brazos sobre mi cuerpo.

Claro, no hay paltas, me gusta dormir changada- y reímos pícaramente.

¿Nunca has estado con una mujer? Lizzy ¿estás incómoda?- Sus labios rozaban la piel de mis orejas, estremeciéndome por completo.

Eh… no, nunca… nunca he estado con una chica -  logré contestarle luego de dar un gran respiro - y para ser sincera aún no he estado en estas circunstancias con un hombre tampoco, justo en ese plan estoy andando estos meses… jejeje  ¿Qué piensas hacer?

Nada que tú no quieras, jajaja. Me siento como un boy. No te preocupes que no soy lesbiana, sólo que… me gustas y ahora me siento muy cómoda. Nunca estuve así con una chica ¿sabes? Con chicos sí ¿Qué te parece si dejamos que las cosas fluyan? A ver qué pasa. Total, no corremos riesgos. Ya sabes: pan con pan no pega.

En ese momento estábamos  muy en confianza y reíamos como cómplices de la lujuria que recorría como sangre en nuestras venas.

Jajaja… estoy nerviosa “weona”. Pero…. está bien, total, nadie tiene por qué saberlo ¿cierto?- yo bajé el tono y me volví romántica.

Obvio, nadie, este será nuestro secreto ¿ok, Lizzy?- me dijo inclinando su cabeza hacia adelante, donde estaba mi rostro.

Ok, será nuestro secreto Maribel- enseguida sentí sus labios húmedos y suaves sobre los míos.

Ella dio el siguiente paso. Era claro que Maribel tenía más iniciativa que yo, desde el principio la idea fue suya.  Empezó por quitarme el cabello que estaba sobre mi hombro y me besó suavemente. Luego subió hacia mi cuello (con lo sensible que soy en esa zona). Entonces, comencé a hacer algo útil también; giré mi cuerpo hacia ella y empezaron los rozamientos, nos besamos apasionadamente. Empezó a quitarme la blusa y acariciarme los senos, eso fue súper excitante. Ella se puso sobre mí, luego yo sobre ella. Estábamos completamente desnudas ¡qué cómodo es no sentir un bulto entre las piernas! Ella fue muy delicada conmigo, pero a la vez salvaje, sensual, sexy. Sabía muy bien manejar su cuerpo ¡Vaya con la experiencia en la materia! Conocía muy bien el cuerpo femenino. Sus manos recorrieron mi cuerpo con tanta dedicación, lo mejor de esa noche y la protagonista fueron nuestras lenguas que rozaban cada espacio que encontraban en su incesante camino hacia la gloria, yo pude sentir la suya recorrer mi espalda como recorre un auto la carreta Iquitos-Nauta, sobre todo cuando no hay policía ni nadie que se cruce en el camino. Fue la mejor noche que tuve en ese año.

Al día siguiente fuimos a la universidad pues teníamos que exponer el trabajo que logramos terminar después de nuestra locura nocturna. Nos fue excelente, compatibilizamos muy bien en la exposición, nuestras ideas, todo cuadró de lujo, entonces entendí por qué dicen que el sexo vuelve a las personas más felices.

Pese a la experiencia, he decidido y definido que no soy lesbiana, pues no me gustan las chicas. Aprecio la belleza tanto en varones como en mujeres pero lo que busco es un hombre, no una chica. Aunque, pensándolo bien, las chicas son buenas amantes. Tal vez me anime a repetir la experiencia.