José María Arroyo y la pérdida de la memoria

Me aturde pensar que un hombre de una memoria tan impresionante en el pasado como Jos Mara Arroyo haya finalmente decidido ceder en la batalla que libraba contra una enfermedad como el Alzheimer, cuyo sntoma primordial es precisamente la prdida inexorable de la memoria.
Recapitulemos que el Alzheimer es un fenmeno degenerativo que va suprimiendo los recuerdos de una persona, aquellos que se remontan a ayer o de lo que se hizo por la maana si estamos por la tarde (la memoria a corto plazo). El Alzheimer est asociado a trastornos del pensamiento abstracto, juicio, funciones corticales superiores y modificaciones de la personalidad, bastante importante como para interferir en las relaciones interpersonales del afectado. Poco a poco la capacidad de rememorar se hace intil, y la mente va borrando todo el disco duro de la historia personal de quienes padecen el mal. El cambio de personalidad es brutal, la tendencia al aislamiento social es invencible y la relacin con el mundo exterior es tan solo una burbuja desprovista de sentido y de norte.
Refiero en este pequeo artculo al Alzheimer porque, ms all de haber pasado por experiencias directas con personas que lo padecan, explica de modo palpable, en forma metafrica, aquella acelerada prdida de la memoria y el linaje histrico que ha ido dndose en nuestra regin, todos aquellas virtudes y valores y cualidades que formaron parte del espritu, el talento y la capacidad del Padre Arroyo.
Por ejemplo, se ha ido perdiendo en la memoria, impresionantemente, la vocacin por el conocimiento, el cultivo constante de la pedagoga, la declaracin permanente de la honestidad, la solidaridad y la generosidad
Adems, en estos tiempos temblorosos se ha ido eliminando de la memoria el conocimiento y la prctica del buen castellano, as como a la difusin impenitente de todas aquellas manifestaciones tan vinculadas con la cultura amaznica.
Ni qu decir de la prdida constante y masiva del trabajo religioso o no plagado de dedicacin, humildad y devocin.
Porque ese hombre carismtico, de carcter fuerte, locutor de radios, escritor impecable del idioma, analista enciclopdico de la realidad internacional desde este semanario en su A vuelo de ronsapa (que nunca ms volvi a ser el mismo desde que dej de redactarlo, hay que sealarlo), ese amante de la prosa bien escrita, ese consultor preciso de la concordancia idiomtica, ese motivador escolar y universitario, ese periodista de polendas, ese fiel cultor de los radioteatros, ese hombre casado con su vocacin y con los diccionarios, aqul cosmopolita parlante de cinco idiomas, ese incansable propulsor de tertulias, ese maestro de las cosas dichas directamente y sin rodeos (aunque de por medio mediaran ajos y cebollas), ese carioso aficionado y difusor de los mitos y leyendas de nuestra tierra, ese hombre, repito, llamado Jos Mara Arroyo, ahora, entre la barbarizacin de la lengua, la indiferencia cuasi criminal con nuestro linaje y el culto a la ineptitud, parece ser un anacronismo, un incierto dato de tiempos inmemoriales y olvidados que ahora se lo deja en el bal de los trastes antiguos o en las palabras huecas que se las llevar el viento en cualquier momento.
Hemos dejado, en otras palabras, que nuestro propio Alzheimer social nos prive de la memoria del saber, el legado y la cultura. Nos prive de todo aquello que tan bien representaba la vida y la obra del Padre Arroyo.
Recuperar un poco - o bastante - del sentido y la sensatez del pasado, recordar que la dignidad del ser humano est afincada en su valor de conocimientos y de sinceridad es ensear a las generaciones que la memoria es una sola, es indisoluble en el tiempo y en el espacio y, felizmente, como la materia, no solo se destruye, sino ms bien se transforma. De la materia de que estuvo formada la figura de Jos Mara Arroyo debera salir el magma necesario para transformar o reconstruir nuestra tradicin, nuestro espacio y nuestro sendero ms adecuado.